La realidad se encontraba fragmentada, revuelta en nebulosas de existencia desintegrada. Pero hacia mucho tiempo que la gente dejo de prestarle atención a esta curiosa situación, al parecer vivir en un rompecabezas de una cantidad astronómica de piezas no obstaculizaba el afán por vivir vanalmente en un mundo no configurado con la razón.
Pero el pobre tipo cada vez que unia piezas y lograba elaborar imagenes verídicas de realidad universal, era sometido a infatigables burlas y humillaciones de hasta su gente más cercana, aquella que más apreciaba. Era un loco, que veía cosas en su mente y vociferaba leyes naturales que nadie lograba entender para que demonios podían servir y cuando por arrebatos de creatividad lograba transformar en prácticos sus descubrimientos, aun así nadie lograba captar en su magnitud todo el trabajo mental detrás, elaborado por el pobre tipo.
Y se encontró de frente con el imbécil, y bombardeo a puños la cara del infame que se reía por estúpidos logros sin importancia y se vanagloriaba de cosas de las cuales el no hizo el menor esfuerzo por obtenerlas. El pobre tipo golpeo y golpeo la cara del imbécil, con la única misión de desdibujar las estúpidas facciones en su ingrato rostro y quebrar la sonrisa bufona, inexorable, que emitía carcajadas una tras otra apesar de que casi ya no le quedaban dientes tras la paliza y la sangre inundaba su garganta, lo cual solo hacia enojar aun mas al desdichado y pobre tipo que no podía averiguar la causalidad de tal felicidad.
Nunca sabría que el grandioso chiste se trataba de su destino, puesto una vez se nos despoja del honor, nuestros últimos respiros en lucha solo son muestra de nuestra desesperacion. La tragedia ingnominiosa, el sable del samurai roto, el boxeador derrotado por Knock Out. Solo queda vagar por las infinitas rutas de la vergüenza.
Ilustración de Keith Thompson
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