jueves, 25 de junio de 2009

Despertar III


El tiempo pasaba y comenzábamos a desesperarnos, especialmente Akane que luego de golpear brutalmente y azotar los barrotes con patadas había quedado exhausta y acostada extendiendo sus extremidades completamente en el piso continuaba mirando nuestra aparentemente única salida. Mirándola con odio, con obsesión y frustración, tratando de descubrir algo, alguna manera para escapar. Pasaron según yo creí horas y la fatiga nos comenzaba a destruir. Sentíamos como nuestros estómagos rugían y crujían devorándose a si mismo en un acto estúpido por salvarse, inmolándose y dando un poco mas de vida al resto del cuerpo. Me sentía enfermo y solo con ganas de dormir, pero a la vez dentro de mi existía una fuerza vigilante que emanaba un insomnio protector, debía estar atento y despierto, no sabríamos lo que podía pasar. Vi a mi alrededor, Catalina y Akane ya estaban durmiendo, no habían soportado el estrés de nuestra situación, además del soporífero olor a algo como a petróleo o algún químico bastante denso y fuerte que inundaba el lugar, no sabia si empezaba a delirar pero a cada cierto tiempo de una manera casi rítmica la luz escarlata se volvía muy intensa y otras veces declinaba casi hasta desaparecer. También comencé a concentrarme en los detalles de mis compañeras. Debía admitir que tenía mucha suerte, ambas eran muy hermosas. Catalina poseía unas curvas exquisitas y delirantes sin dejar de ser refinadas y con clase, las cuales se apreciaban aun mejor con la luz tenue y el ajustado traje de poliuretano negro que acentuaban su irresistible relieve. Su piel blanca y sus mejillas rosadas, su pelo largo y negro, sus ojos diáfanos y grises que ahora eran clausurados por sus parpados. No se si el hambre tuviera una especie de relación directa con el apetito sexual o quizás solo fuera una distracción para paliar esta agónica situación, pero por algún motivo me había comenzado a fijar embelesado en todos esos detalles sobre Catalina. Audazmente comencé a aproximarme sin dejar de ser cauteloso, cada vez mas hacia donde se encontraba descansando, su bellísimo cuerpo francés agotado de tanto maltrato. Puse mi mano a unos tres centímetros de su cuerpo a la altura de su ardiente cadera, al límite. Tres centímetros, dos, uno. Suavemente con las yemas de mis dedos índice y anular la rozaba y sentía su cuerpo frió pero que mágicamente me inundaba de calor. Recorrí su cuerpo con parsimonia disfrutando cada sector que recorría de su figura hasta llegar a su cara, tersa e hipnotizante. Empecé a sentir unas ganas tremendas de besarla, de quererla, de hacerle el amor. La circunstancia cada vez se volvía mas agobiante exasperándome hasta los limites, cuando de repente algo me alerto, un ruido, y retrocedí con velocidad tal cual lo hace un ladrón a quien se le esta a punto de pillar con las manos en la masa a mi lugar. Venia del conducto de ventilación me quede observando, esperando hasta que este silenciara cuando de pronto comienza a caer algo. Comida. Una mezcla extraña cayo como lo hace el excremento de un elefante, superficialmente irreconocible, una pasta espesa rodeada de liquido, pero sin duda era comida. Me acerque y analicé era agua, y una mezcla de arroz y papas, pero algo mas había ahí. ¿Que era eso otro que había en este extraño guiso? No podía recordarlo, sin embargo me olía familiar, me olía a infancia, cuando de pronto recordé.

-¡Carne!- grite, repleto de felicidad.- ¡Por la puta! ¡Carne! Mierda, esto es carne!- me agache y me dio lo mismo de donde viniera esta comida o sobre las condiciones de limpieza en la que se pudiera encontrar y con mi manos llevaba a mi boca puñados de esta pasta salvadora haciendo feliz a mi organismo y a mi alma que también podía saborear los pedazos de pasado, los pedazos de carne que ingería, recordando mis siete años, reviviendo ese ultimo asado que hizo mi abuelo, alrededor del fuego.

-¿Que huevá te esta pasando?- refregándose los ojos, comenzaba a despertarse Akane por mis gritos rebeldes- ¿Acaso ya enloqueciste?- preguntaba aun no dándose cuenta del milagro.

-¡Comida!- le conteste con comida en la boca.

- ¿De donde la sacaste?- mientras se acercaba a tomar un poco- ¡Explícame!- decía Akane también con la boca llena.- ¡Esto tiene carne! ¿ Como mierda conseguiste carne?.

- Yo ya no entiendo nada, solo estaba aquí sentado cuando en un momento se escucha un ruido y cae esto por el conducto de ventilación.- le decía- Yo ya no entiendo nada.

Catalina en medio de la conversación había despertado y ya se había acercado por algo de comida también para recuperar algo de fuerzas, inocentemente sin saber que mientras dormía había si mi templo de adoración.


Continuara ...

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