jueves, 30 de julio de 2009

Ridiculo.


Calcule que aproximadamente ya era momento de salir para alcanzar a llegar a las siete de la tarde al metro bellas artes. Tome mi abrigo largo y me lo puse sobre el buso con el cual andaba desobedeciendo asi toda regla estética, me veía realmente ridículo, aunque poco me importaba ya que no habia salido a modelar ni ha conquistar a alguna mujer, solo salia a caminar. Esta es una de esas horas que mas me gustan para salir a caminar, la temperatura es ideal mientras las luces de los faroles proyectan sombras como peritos pintores romanticos transformando en sofisticadas a calles que de dias rozan lo vulgar y grosero, sumado a las caras de satisfacción y alegría de las personas que van a sus casas a descansar o tal vez a algún bar para recompensarse del denuedo diario y asi creando un ambiente bastante ameno. Camino constante y tranquilo, observando caras, atrapando sonidos y recolectando olores de la ciudad. Hay algunos bastante intolerables como el olor de los carritos donde venden comida frita como sopaipillas y empanadas de queso, un hedor tan fuerte que solo sea hace atractivo bajo el estado de ebriedad o cuando uno se encuentra con mucho frió y hambre, en esos momentos donde con cien pesos, un mendrugo de pan o un ultimo sorbo de cerveza se consigue el cielo. Seguia con mi ruta, la misma de siempre, la misma que hago cada vez que voi al centro para matar el tiempo y ahogar mis pensamientos misantropos, atragantandome de lo que mas repulsion me causa, creyendo en un solitaria esperanza que anuncia el olvido de una fobia enfrentandola, en este caso las multitudes y en su estado mas vil y abyecto, trabajando y consumiendo, consiguiendo y gastando. Circulando como simple materia organica por los conductos de la ciudad y asi permitiendo que esta siga viva nutriendola con inercia mental y obesidad egocentrica, como la monstruosidad que es , como simplemente Santiago es.

Al parecer el frescor del parque forestal habia estimulado mis sistemas excretores avisando a mi cerebro que debia evacuar los liquidos que colmaban sus recipientes corporales. Me dieron ganas de orinar. Sin embargo hacerlo en el parque era la ultima opcion, una vez tuve la mala fortuna que un carabinero, el guardian de la moral y las buenas costumbres se encuentrara a mi espalda mientras yo timidamente realizaba una de las actividades mas basicas y humanas, orinar. Por esta razon me abstuve. Seguia mi viaje cuando diviso la luz de una baliza, eran los carabineros en una patrulla rondando el lugar. Me felicite por haber tomado tan sabia decision de no regar un arbolito ancestral, no habia cometido ningun crimen, no me tenian por que culpar. Caminaba seguro, con paso firme, apesar de no andar con mi cedula de indentidad lo cual me generaba ciertos aires de intranquilidad, me sentia bien porque no tendrian motivo por cual reprenderme. A pesar de mi bien ganada inocencia sentia que los carabineros me observaban, como si algo en mi les molestara, pero trate de sacarme esa idea de la cabeza, ellos solo vigilaban, hacian su trabajo, no tenian nada contra mi , ni tampoco desconfiaban. Yo por mi lado solo era un simple sujeto que se dirigia a ala inaguracion de un concurso de literatura. No obstante luego de toda esta elucubracion en mi mente comenzaron los nervios a invadirme, la patrulla habia dado la vuelta y tomado el mismo camino que yo hacia avanzaron por detras mio y volvieron dar la vuelta hasta desaparecer, entonces vuelven y ahora frente a mi pero por fortuna pasan de largo y desaparecen y luego vuelven, jugando conmigo, calculando y burlandose de mi miedo tal cual lo hace un jinete sobre su caballo en una medialuna, haciendo correr histericamente a un pobre bovino que ingenuamente cree que existe una salida.
Por suerte- y despues ando quejandome que solo me pasan cosas malas y que la vida no me quiere- habia llegado al fin del parque, de la oscuridad y por tanto el fin de zona de vigilancia de los carabineros. Un alivio. Desde ese punto ya no faltaba nada para alcanzar mi meta, no paso mucho ni nada interesante que contar y lo recorri con bastante tranquilidad.
Al alcanzar la ultima esquina, es decir , al pisar la cuadra donde se encontraba el evento divise a lo lejos una multitud de personas, el grueso y solemene canto de un cello y voces profundas amplificadas narrando.
Habia llegado a tiempo. Apure el paso para conseguir un buen lugar el cual determine era al lado de un carrito de mani confitado, de estos gringos pero atendidos por un descediente directo de Lautaro. Escogi este lugar como el mejor, ya que sumado con la buena vision y sonido era acompañado de la exquisita fragancia azucarada del mani confitado. ¿Para que pagarle trecientos pesos a este sujeto por una irrisoria bolsa de mani si sentir el olor me sale gratis? No habia donde perderse en tal desicion. Esto tambien me recordo a cierto tipo de inviduos, un tipo que abunda, tanto hombres como mujeres, personas que creo llamare: Gente Confitada. Personas que te seducen con su olor como el mani, o haciendo mas clara la analogia con lo supercifial, lo vanal y luego que pagas el precio por tener a esa persona, ya sea su amistad o su amor te das cuenta que fue un robo y que no valio la pena, o te deja con ganas de mas o de comer algo distinto o tomar algo para la sed. Entonces en ese momento lo supe bien, asi como con el mani disfrutaba de su olor gratuitamente tambien debia hacerlo con la gente confitada, con esa gente endulzada por fuera y por dentro seca y aburrida, ya no gastaria mas de mi en ellos.
Mientras tanto los actores de television localizados sobre un pilar leian los cuentos del concurso anterior, terminando asi de alzar su imagen ya adorada por los televidentes pero ahora de una manera mas directa, olbigando a los espectadores a torcer su cuello para poder apreciarlos. Me pude dar cuenta tambien que el publico tenia una constitucion bastante heterogenea, concentradome como siempre en los extranjeros que veian el espectaculo con curiosidad. Habian dos mujeres jovenes de habla inglesa atras comentando

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