jueves, 9 de julio de 2009

El templo del silencio


De un tiempo atrás hasta hoy, se me han vuelto intolerables los ladridos de los perros. En cualquier lado escucho su particular sonido, su ¡Guau-guau! Apocalíptico avisando mi pronta exasperación. En la casa donde vivo hay dos perros de raza que no mencionare, porque no tengo la menor idea sobre sus genes debido a su procedencia de quiltro o mestizo si prefieren llamarle. Estos perros se confabulan magistralmente con el timbre de la casa que acompañados del teléfono crean una bulla abrumadora de la nada. Así es cada vez, bastando que alguien se acerque a la puerta de la casa para que los perros ya comiencen a ladrar como si fuera su último día de vida, desatados y enloquecidos por una vulgar visita. Por otro lado estos ladridos no nacen solos, si no que acompañados por otros ladridos aun mas desagradables, los ladridos de los demás animales de la casa, los ladridos de mi abuelo, de mi papa, de mi tíos o mi hermano, que exigen que alguien valla a ver quien es el visitante o quizás también piden a gritos que los perros se callen, como si mágicamente fueran a entender una petición que ni ellos mismos acatarían.

Me siento frente al computador e intento leer algo, intento estudiar o simplemente escribir, ordenar un poco los pensamientos que pueblan mi mente. Miro la pantalla y me concentro. Pero es inútil, no puedo escribir entre tanto ruido, entre los martilleos de mi abuelo, los gritos de mi tío, el ladrido de los perros, el teléfono que suena, el timbre que suena, los gatos que caminan por el techo, los perros que vuelven a ladrar, el maldito timbre que no para de sonar, el teléfono, la puerta que rechina, los perros de nuevo, el inmisericordioso timbre, mi mama y mi papa que llegan.

Ahora comienzo a recordar porque un día, hace un tiempo atrás, le pedí a mi mama un artefacto para escuchar música, un discman para ser preciso. Mi mama en ese entonces me preguntó que era lo que quería de regalo, yo un niño en ese tiempo quería algo que me hiciera feliz instantáneamente con obtenerlo, entre lo mucho que pensé, mis pensamientos me llevaron a la no grata conclusión de que ninguna cosa serviría para cambiar mi realidad y darme felicidad, pero llegue a una conclusión, podría tapar la realidad odiosa, tapar mi oídos a la ruidosa verdad, podía hacerlo y eso se haría con música. Comencé a conseguir discos, discos que me regalaban, que me prestaban, que me copiaban y que compraba. Cada vez quería más, la música era mi sedante, sin embargo se hacían necesarias dosis más fuertes. Luego un día me vino la espectacular idea de así como me gustaba escuchar música por su capacidad de desconectarme del mundo, se me ocurrió que quizás lo que mas efecto entonces me produciría seria yo hacer mi propia música, seria aprender a tocar la guitarra. Mi abuela tenía unas guitarras y me enseño los acordes básicos, tocando uno que otro vals o una canción tradicional. Al tocar mis primeros acordes una energía me invadió todo el cuerpo y de ahí no la solté mas. Pasaron unas semanas y ya tocaba mejor que mi abuela, para la navidad pedí una guitarra eléctrica, necesitaba sentir su poder destructivo y entonces paso el verano y ya tocaba mejor que amigos que tocaban hace años. Yo podía pasar un día entero tocando, hasta hubo veces en que me quede dormido con la guitarra encima, cansado de tocar y mi papa entraba y me apagaba el amplificador


VIEJO DE MIERDA ME CORTASTE LA LUZ Y ME HICISTE PERDER LO QUE LLEVABA ESCRITO, perdi todo el hilo, lo lamento. completare esto en un tiempo mas. ahora continuare con el final.


Entonces intento dormir y me doi mil vueltas en la cama, si tengo la suerte de que mis vecinos se hallan cansado de hacer fiestas el lunes y el martes quizas hoy me regalen una noche de paz, o que los perros de mi otros vecinos ( una veterinaria) esta noche no ladraran, pero aun asi evadiendo ese obstaculo mi mente no deja de sonar, recuerdos impregandos en mi ser que no me dejan tranquilo, resentimientos, ira, envidia, imagenes que reverberan hasta el dia de hoy y me condicionan. Pienso en muchas cosas que me esclavisan, en el placer y el dolor y pienso en ella, en que aun no puedo quitarmela de la cabeza en que la extraño y en que la perdi para siempre. Me cuesta mucho dormir, no puedo. Logro dormir, una pesadilla, despierto, vuelvo dormir, otra pesadilla, ya no puedo dormir, sigo pensando, sudor, pena y frustracion.empieza a amanecer silencio casi absoluto que solo es interferido por vehiculos que se escuchan a lo lejos, me siento bien, todo esta tan tranquilo, tengo ganas de dormir. Cuando casi concilio el sueño pacificamente sin mas torturas el silencio es violado, la gente despierta en la casa, escaleras que crujen, tazas que suenan, puertas que se abren y cierran pero por sobre todo rechinan, pasos, gente hablando, gente que grita pero no se escucha, perros que ladran, autos y mas autos, bocinas, perros, el tiembre y el telefono.

2 comentarios:

  1. Me a despertado varias carcajadas, y comprendo en sangre propia el molesto vibrar del entorno, se hace muy difícil la tarea creativa cuando se esta en medio de un panal de abejas . Y como tan bien lo dijiste ("podría tapar la realidad odiosa") una buena solución es la música, y creo que la mejor por que la máxima concentración lo soluciona, pero no contribuye a la creación como lo hacen las ondas armoniosas de la música.
    Tienes un buen blog y ademas un nombre que atraería a cualquier fanático de Hesse (como yo)

    Saludos

    2nz
    mi locura:

    Galeria KUCHIFLU

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  2. Gracias por el comentario.
    Me hace bastante feliz saber que te hice reir, al final en la vida es lo unico que nos queda reirnos de nuestras desgracias y reirnos de todo.
    Me dare una vuelta por tu blog.

    Saludos.

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