
Aqui les dejo el comienzo de un novela(?) que comienzo a escribir.
I
Yo te había dicho que si querías ser feliz debías creer en mi mentira, que te amaba y nunca nos separaríamos, pero en algún momento de nuestra relación nuestro contrato no te parecía correcto, reclamabas que era injusto y exigiste algo mejor. Con desear eso rompiste nuestro compromiso, dejaste de creer en mi mentira y comenzaste a estar triste otra vez. Entonces vinieron días melancólicos, uno tras otro, me llamabas pidiéndome que todo volviera a ser como antes, pero ya era demasiado tarde. Me llenaste el correo electrónico de cartas suplicantes y tuve que empezar a dejar de visitar los lugares que a ambos nos gustaba ir porque no quería que nos encontráramos por “casualidad” y hacerte sufrir más. Luego un día supe que debía partir, te llamé de un teléfono público, dije adiós y corté antes de que me pudieras contestar. Era lo correcto.
Eso había pensado Pablo, mientras el último bus a Valparaíso partía del terminal, mientras Natalia aún no podía recuperarse de la llamada, de la ultima vez -que ella creía- escucharía la voz de Pablo. Esa noche ella tuvo muchas pesadillas, a las cinco de la mañana se había cansado de seguir intentando dormir y prefirió ir a ducharse, comenzar con la serie de rituales que hacen la mujeres para verse más atractivas, que aunque muchas veces critiquen a las mujeres que solo se preocupan de sus cuerpos saben muy bien que la imagen es algo demasiado importante. Las pesadillas que tuvo le sirvieron para reconsiderar varias cosas, y entre alguna de esas se dio cuenta que lo peor que podía hacer era echarse a morir, olvidarse de si misma y convertirse en un espectro triste, jugoso en lastimas y desventuras. Por lo mismo decidió arreglarse muy bien, debía estar hermosa para ir a trabajar, ¿Por qué mañana no podría ser el día en que encuentre al hombre de mi vida?- Se decía a si misma, quería creer en esa opaca y lejana esperanza, era mejor creer en eso que en nada, pensaba- Por supuesto que podría ser el día ¿Aunque de cuando los príncipes azules iban a la consulta de una dermatóloga?
II
Providencia,Avenida Salvador, edificio 2, piso 6: Dra. Natalia Neumann Echevarría, Dermatóloga. Suba por el ascensor, a la derecha tercera puerta, le dijo el recepcionista del edificio a Julio. Pero prefirió las escaleras, los espacios cerrados le hacían sentirse incomodo, acalorado, la materia en su cara se hinchaba y los vasos sanguíneos se abultaban, se ponía muy rojo; bastando que una sola persona lo quedara mirando para hacerle sentir avergonzado y ponerle al borde de transformarse en un tomate humano. Ojala la doctora sea una vieja fea, pensó, no estoy de humor para más humillaciones. Llegó a la puerta indicada, la tocó unas cuantas veces, temía entrar al lugar como si fuera su propia casa, tocó despacio y unas tres veces, no quería ser imprudente. Nada pasó. Por suerte una pareja de ancianos se le adelanto, abrieron la puerta con confianza y el aprovecho para entrar como si viniera con ellos. Era un pequeño lugar, una especie de recepción, unas seis sillas dispuestas para esperar el turno, una mesita al medio con las típicas revistas de siempre de hace varios años atrás, hablando sobre “novedades” de los famosos y por sobre todo alabando y haciendo culto a la imagen, a la perfección de los cuerpos y arte en los rostros, que más que rostros, son lienzos paras los maquilladores y peluqueros, verdaderos hacedores de milagros en esta época tan superficial. Y por supuesto que no había espejos, ya tenían suficiente tortura con verse todas las mañanas la gente que acudía con la Dra. Natalia Neumann Echevarría y ella lo sabía muy bien; considerado de su parte. La recepcionista-secretaria de la doctora (se llamaba Jessica González, Julio lo supo leyendo un pequeño cartelito que tenia ella en su escritorio) era de baja estatura, piel morena, rasgos indígenas pero bien parecida( debería decir, acercándose tímidamente a los cánones de belleza actuales para ser más pulcro en mi descripción), tenía puesta una estación de radio con los clásicos de los ochenta, no parecía gustarle mucho, quizás por ordenes de su jefa ahí se estaba absolutamente prohibido escuchar música tropical o cumbia, algo así como para no desperfilar ni desprestigiar su lugar de trabajo ni su carrera. Como sea, siguiendo con la historia, Julio se acerco a Jessica, ella le pregunto si había reservado hora, el le contestó que sí, le dijo tome asiento, lo llamaran. En ese espacio de tiempo, llego una madre también con su hijo, primero atendieron al anciano, luego al púber y al final llamaron a Julio; Jessica le dio la orden de pasar y él algo nervioso abrió la puerta con inseguridad. Maldita sea pensó, al atravesar el umbral y ver a la doctora. Esto era horrible, ella era hermosa ( ¿Que raro suena eso no?) Piel clara, pelo negro, ojos grises, maquillaje elegante y con atuendo digno de los catálogos de ropa “otoño-invierno” que sacan las multi-tiendas con modelos espectaculares, usando vestimentas que le quedan a la perfección pero que en realidad decir que a un cuarto de todas las mujeres del país cuando la usen se les valla a ver así de bien seria una exageración. Sin embargo la Dra. Natalia era una de las que integraban ese pequeño grupo de afortunadas, ella se veía sensacional, por otro lado esa suerte no parecía darle felicidad, aunque aparentaba una sonrisa (sonreír es parte importante para verse linda), Julio detectó en ella un aura de pena y soledad, que extraño pensó él, y entre sus divagaciones y alucinaciones con la belleza de la dermatóloga tropezó con una pedazo de la alfombra que estaba doblado.
-¡Oh perdón! Eres como el cuarto que le pasa eso hoy, hace tiempo que tengo arreglar esa alfombra, lo siento en verdad, esta Jessica siempre se olvida de traer el pegamento…- Mientras terminaba de escribir unas cosas en su agenda se disculpaba Natalia con Julio por el tropezón, luego murmuro unas cuantas cosas ininteligibles para cualquiera.
No se preocupe, yo soy el torpe, siempre me pasa- Le respondió Julio, pero Natalia no pareció darle importancia y le preguntó que cual era su problema. Esta a la vista pensó Julio, pero se dio el trabajo de contestar.
-Empecé a tener con más frecuencia e intensidad las jaquecas, y leí por internet que la piel rosácea tenía bastante que ver con aquello, por otro lado digamos que no me hace ver muy “A la moda” esta ensalada de furúnculos en mi cara.- le contestó Julio con su clásica cuota de humor negro. Natalia rió, suavemente, no a carcajadas, eso es burdo y no se ve bien en las señoritas. A ver que tenemos acá le dijo la doctora a Julio, se paró de su asiento y a su paciente le pidió que se quedara tranquilo en la silla, le tomo la cara y se la examino como quien escruta una pizza putrefacta buscando si han aparecido larvas de moscas. Luego de un breve análisis le dijo que tipo de acné y enfermedades a la piel tenía, le recetó unos remedios y lo citó en un mes más. Un mes más pensó Julio, era demasiado esperar para volver a verla, pero por otro lado seria un tiempo conveniente para idear un plan en como invitarla a salir. Mientras que Natalia pensó, ¿Hasta cuando puedo seguir creyendo y teniendo la esperanza que mi príncipe azul vendrá hacia mí?
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