miércoles 9 de junio de 2010

Perversiones Uno


Era de noche y hacia frio. No podía dormir, asi que decidió escapar por la ventana de su pieza. Recogió su largo pijama de seda blanco sobre sus rodillas para no tropezar y al bajar lo ensucio con el barro, sus pies descalzos sientieron como este se escurría entre medio de los dedos, y la planta de sus pies se sensiilizaba ante la humedad, las ramas y las piedrezillas. Respiró profundamente, levantó la vista y miró hacia el cielo, contempló la luna unos segundos, minutos, horas o quien sabe, el caso es que sus globos oculares se bañaron de la palida luz del mistico salitete terrestre.

Escuchó un ruido a lo lejos, entre medio del bosque que separaba la casa del rio. Quizas fue el rio quien susurró, quiza lo hizo el viento, o algun animal. Caminó, pero no guiada por sus ojos sino por sus pies. Sus dedos percibian como la tierra palpitaba, podian sentir las terminaciones nerviosas del suelo, vasos sanguineos repletos de mana que nutrian todo ese lugar, aquel lugar que traia tanto recuerdos poderosos y nefastos, dolor de aquellos tiempos tristes que forjaron su ingnominiosa existencia y desastrosa personalidad.

Cuando llego hasta el centro del bosque, encontró la fuente del ruido, que la habia atraido hasta ahi. Era un corazon enorme, alrededor de ocho metros de diametro. Era viscoso, repulsivo y latía muy intensamente, con miedo y a la vez con pasion. Era un organo suculento, calido, y cubierto por fluidos de fuerte hedor, que sin embargo le causaban gran exitacion. Se acerco a él, lo abrasó, lo besó y se dejo devorar por él, buceó en su ventriculo izquierdo, bebio en la auricula derecha y defecó en la aorta.

Nueve meses despues aquella mujer vería como de entre sus piernas, enormes y poderosas raices se abrian paso, y emergian. Luego una enorme flor se asomó y su aroma asesinó toda vida alrededor de cinco kilometros a la redonda.

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