Autores: Francisca Cortés y Gabriel GonzálezOnce were warrior, nombre de la novela de Alan duff en que se baso la pelicula, traducida efectistamente del inglés como, El amor y la furia, es un drama que muestra los tópicos clichés y los clásicos estereotipos provenientes de la marginación social, alcoholismo, sexo y violencia sin razón. Sin embargo esta mirada es bastante superficial, si nos dedicamos a observar detalladamente, es posible distinguir los simbolismos maoríes, y cómo estos hacen juego con la temática de la película, dándole matices más profundos a las relaciones que manifiestan los personajes.
Nueva Zelanda, el lugar donde se desarrolla la historia de la película, originalmente estaba poblado por polinesios maoríes procedentes de las islas Cook y Sociedad, posteriormente colonizada por los británicos, quienes redujeron a su cuarta parte los habitantes nativos; muestra su cara menos alegre en la película con la exposición de la fuerte cultura inglesa – materializándose en automóviles, electrodomésticos, música y vestimenta - la cual penetra en una cultura que se resiste a perder sus costumbres y símbolos propios de su identidad.
La identidad no se hace sino gracias a la alteridad existente entre los grupos humanos, es decir, “la alteridad […] permite toda definición de identidad” (Auge, M. 1996), ya que gracias a que los unos de diferencian con los otros, es posible hacernos una idea de nosotros mismos. Tal como ocurre en El amor y la furia, donde la tribu de maories, se distinguía considerablemente de los mestizos, haciendo notar que no eran uno de ellos, que los británicos no habían logrado dominar su raza y por ende, creyéndose superiores a la mayoría de la población, instaurando un gran sentimiento de nacionalismo.
Es necesario aclarar que el presente trabajo no se centrará en un análisis crítico de la película como producto artístico-comercial, no se realizaran críticas de guión, interpretación de los actores o la calidad de las escenas, sino que se intentará dar una forma de análisis puramente antropológico, abordando temáticas particularmente sociales, como lo es la identidad, alteridad y diversidad cultural presentes en la película.
Jake, el padre de la familia, autodenominado como el pendenciero, se gana el reconocimiento y respeto de sus símiles demostrando su superioridad física, en un mundo de fiestas, cervezas, tatuajes, mujeres, drogas y violencia, destacando códigos sociales dentro de su grupo, valorizando la amistad entablada bajo una jerarquía estructurada en la dominancia que ejercen unos sobre otros, en actividades rutinarias como peleas, conquistar mujeres o más dinero. Esto, no es más que actividad ritual que asigna a cada individuo su lugar e identidad social (Auge, 1996), demostrando la inferioridad de las mujeres en relación a los hombres teniendo ellas que callar muchas injusticias.
Beth, la madre y esposa de Jake, es el esteriotipo de la mujer preocupada en el cuidado de sus hijos, tratando de entregarles lo mejor que esta a su alcance, pero este deseo se ve forzadamente a limitarse bajo las conductas agresivas de su esposo.
Jake y Beth construyen simultáneamente sus realidades, pero éstas distan mucho en sus maneras de constituirse: para Jake el orden social debe estar basado en el predominio de los hombres sobre las mujeres y cuan “duros” estos puedan ser, en cambio para Beth el orden social esta inspirado en sus ancestros maoríes, con sus valores, creencias, su espíritu, su mana - para el pueblo maorí, el concepto de Mana va unido al de prestigio y poder personal que tiene cada ser humano, entendiendo este poder como el conjunto de cualidades especiales y únicas que todos poseemos (Torres, M. 2010, enero 11)- el cual otorgaría la verdadera categoría de hombre, un hombre consiente de su realidad, ya no tan solo de preocuparse de su bienestar, sino de el de todos.
Un guerrero tiene como principal axioma que la mente es más poderosa que los puños. Pero para Jake tal axioma es mera poesía barata. La doble alteridad se hace presente, las múltiples realidades visibles. Jake ve a los guerreros maoríes como sujetos con aires de superioridad infundados en valores que no tienen incidencia en la vida actual y por ende, ve su concepción de hombría como la correcta, para él un hombre, un guerrero debe ser “duro” e insensibilizado, no debe sufrir por lo que la vida le entrega, ni mucho menos llorar, ni cuestionarse la realidad. En cambio los maoríes, ven la forma de vida de Jake, como vicio, una vergüenza, una desviación del camino, traición a los valores , el honor y el orgullo, y ellos conciben su realidad como la correcta, la disciplina, el autocontrol, el mana.
Beth, como todo maori, está lejos de aprobar la forma de vivir y entender la vida de Jake, aburrida de la violencia y el maltrato físico y psicológico, añora mucho el lugar donde se crió, junto con su etnia. Aún así, a pesar de estar en desacuerdo con la cultura de su esposo y sus amigos mestizos – alude a la mezcla entre colonos británicos y maoríes – está inmersa en aquella cultura ajena, pero que con el paso de los años, la refuerza compartiendo y aceptando sus códigos. Beth se halla en una encrucijada, el orgullo del cual se jactan sus ancestros y casi como información genética recorre a todos sus descendientes se expresa también en ella y a causa de ello, se ve imposibilitada de regresar al lugar de donde algún día decidió marcharse y prometió que no volvería. Puede volver al lugar que tanto añora y al final escapar de la desgastante vida que le dio su esposo, pero hacerlo, sin embargo, significaría olvidar su orgullo, la cualidad más importante de su pueblo. Si por el contrario, lo olvidara y volviera donde los maoríes como derrotada, como quien se tuvo que despojar de años de vida que no condujeron a nada bueno, iría en contra de sus principios. Ella se opone a un comportamiento intrínseco de la realidad en que vive y no se atreve a escapar de esta: la de Jake y los mestizos, la realidad del otro distinto a ella, los extranjeros, los que llegan a pisotear los valores que ella intenta conservar y proteger, tal cual como los maoríes intentaban rescatar su cultura de los inmigrantes británicos.
Con el paso del tiempo terminó transformándose en su propia realidad, se fundió con creencias ajenas llegando a tal punto de no saber qué parte de su existencia es autóctona y cuál es foránea, es decir, no es capaz de diferenciar el origen de los problemas: si ella es la responsable o simplemente es víctima de ellos, se estaba transformando sin querer en una mestiza cultural: al marcharse de su lugar de origen, terminaron difuminándose poco a poco entre la abrumadora cultura inglesa, los herméticos preceptos y costumbres que le habían enseñado sus familiares.
Podemos comparar en cierto modo, la discordia entre maoríes y mestizos visto en la película, con el nacionalsocialismo alemán del siglo XX, el cual vuelve a surgir en nuestro siglo encarnado en el movimiento de los neo-nazis.
Los neo-nazis, tal como la pandilla de maoríes que acoge a Nig, se sienten poseedores de cualidades superiores a los que son distintos a ellos, se sienten orgullosos de su “sangre”, como si esta poseyera atributos morales y espirituales específicos, y creen que las cualidades de su pueblo deben ser protegidas a toda costa de los inmigrantes que llegan a desvirtuarlas con su cultura (y a veces a ésta no la reconocen como tal, si no simplemente como una suma de comportamientos a-culturales) y en el peor de los casos a exterminarla.
La pandilla tiene un ritual iniciático, que permitirá a Nig convertirse en uno de ellos, lo rodean en círculo y lo golpean para probar su fortaleza. Al ver que Nig ha superado la prueba y demostrado su valor, celebran con gritos en su idioma, lo acogen y lo llaman hermano, reconociéndolo como uno de ellos. Luego Nig, al ser parte del grupo oficialmente, es necesario que lleve en su piel el Ta Moko, - tatuaje maorí que refleja en el rostro de una persona, su árbol genealógico y sus ancestros. (Torres, M. 2010, enero 11) – , el tatuaje también puede ser pensado como una necesidad de marcas escritas en el cuerpo, precisamente por la debilidad de otras marcas, de marcas de otro orden –subjetivo y social– que impliquen inclusión(Pierella, Ma. P.). Aunque él decide sólo tatuarse la mitad de su rostro, simbolizando la mitad de sus orígenes, su lado materno. Por otro lado el lado vacio de su cara representaba el desprecio por su padre, Jake el pendenciero. Éste último era un mestizo, pero esto es una relación circunstancial de su odio, ya que la verdadera causa del odio que sentía por su padre no eran sus orígenes sino su comportamiento, siendo tal vez, para él, la explicación (forzosa, ya que Nig, no podía encontrar explicación para la conducta descontrolada de su padre) de aquella conducta despreciable hacia su familia. Sin embargo, Jake al ver el Ta Moko de su hijo, no le encuentra mayor significado al hecho de que solo se halla tatuado la mitad de la cara, al no estar al tanto de las costumbres de la tribu maorí.
Los tatuajes maoríes son un signo de orgullo para un guerrero, ya que lo hacia feroz en la batalla y atractivo para las mujeres (Arroyave, 2004). Sin embargo de manera muy distinta a lo que entendía Jake como hombría, los maoríes comprendían que ésta contenía valores importantes como el honor, el respeto y el obrar bien. Beth al final de la película se lo hace ver Jake, diciéndole: ellos no eran como tu, ellos eran guerreros, eran hombres con mana. Pero Jake no asimilaba ese concepto.
Alguna vez fueron guerreros (la correcta traducción del inglés para el titulo de la película) los hombres que poseyeron los valores maoríes, quienes creyeron que la verdadera arma, la más mortal de todas era la mente, y no aquellos que mostraban su fuerza física como símbolo de poder, como dijo Beth en el cúlmine de la película, aplicando el concepto de alteridad hacia los mestizos.
Sin embargo habrá que preguntarse qué tan válidas son estas denominaciones y qué tanto se puede llegar a juzgar a alguien, utilizando los conceptos y escalares de valores correspondiente a la realidad que nos toco vivir. Porque para unos podrían ser los guerreros, los hombres dispuestos a ganar en la guerra y expertos en el arte de la lucha, y para otros hombres que se preparan para la guerra, no siendo este su propósito si no por el contrario lo que hay que evitar. Pero las funciones de un guerrero nunca han estado muy claras. Para algunos un hombre debe comportarse de manera firme, segura, dominante y competitiva, proteger a su mujer, haciéndose respetar y exigiendo a su esposa que lo trate según las condiciones que él propone, porque si la mujer llegara a manipularlo, correría grave peligro de ser llamado poco hombre, de ser dominado por su esposa, mientras para otros, el hombre y la mujer están al mismo nivel, y ni uno tiene un rol definido, y cada uno contribuye de manera igualitaria en la relación. Para algunos, un padre debe ser una imagen autoritaria que imponga orden y se haga “respetar”, para otros debe ser comprensivo, casi un amigo más.
Claramente las múltiples significancias que damos nosotros a los roles que le toca cumplir a cada persona, y los juicios que podamos hacer en cuanto a su desempeño dependen intensamente de la realidad que nos toco vivir, y la pluralidad que genera las sociedad, se transforma en la tejedora de redes que enlazan las identidades de cada uno. Y cada identidad al estar enlazada a la identidad del otro, intenta de alguna manera acomodarse para poder estar inserta de la manera más eficientemente posible en una realidad multifacética y cambiante. Cada quien moldea su identidad en la medida que los otros sujetos la observan. Y un hombre, en la medida que siente que su categoría como tal, es puesta en duda, a pesar que no demuestra su visión de hombría, igualmente lo tomará en cuenta, y al menos, mentalmente hará una revisión de su conducta, analizando si es la correcta y si es necesario corregir algo.
Pero no es necesario ir tan lejos, al comprender a una cultura tan lejana como la maorí. En nuestro país, Chile, los mapuches pasan por algo similar: también reconocido pueblo guerrero, nunca dispuesto a tranzar sus tierras y sus creencias por una cultura ajena a ellos, volviéndose cada vez un grupo más minoritario, haciendo grandes esfuerzos por intentar salvar su cultura ancestral.
El informe final de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato -un grupo asesor, creado por el Presidente Ricardo Lagos en 2003 (citado en José Antonio Viera-gallo) señala: "Las comunas rurales como urbanas que concentran el mayor porcentaje de población indígena son a su vez las que registran los más altos índices de pobreza e indigencia" en donde queda estipulado que cuando un grupo se repliega en si mismo en una afán de protegerse, termina autodestruyéndose, porque en una sociedad donde la generación de lazos tanto, políticos, económicos, sociales y culturales son esénciales para garantizar la sobrevivencia de los grupos humanos, el aislamiento emerge como el arma más mortal. La encrucijada que en algún momento vivió Beth, al decidir que para sobrevivir debería olvidar su orgullo, la viven hoy los mapuches como muchas otras etnias minoritarias en el mundo, las cuales deben intentar olvidar su orgullo y los preceptos tan fuerte que tienen arraigados deben intentar moldearlos a la nueva realidad del mundo, ya que si no están dispuestos a “mezclarse” y abrir su cultura al resto, están condenados a extinguirse, a menos que extraordinariamente, estén de acuerdo en iniciar a otros individuos ajenos a su etnia a ser parte de ella, lo cual es muy difícil que suceda.
En conclusión, cada cultura para garantizar su subsistencia, debe estar dispuesta a que otros externos a ella puedan ingresar, sumarse y mezclarse, pero con el sumo cuidado que sus nuevo integrantes, no interioricen una cultura que sea capaz de propagarse y distorsionar la cultura de la etnia o grupo social original, iniciándose infinitamente un proceso de alteridad y doble alteridad ante una pluralidad cultural que nunca acabará y como menciona José Alejos García “La demanda de reconocimiento de la voz propia no debe llevar a un monólogo que silencie al otro, sino al establecimiento de un verdadero diálogo democrático”
Referencias Bibliográficas
• Auge, M. (1996). Hacia una antropología de los mundos contemporáneos. Gedisa: Barcelona.
• Torres, M. (2010, enero 11). Mana. El poder personal maorí. TuaregPhotos PhotoAgency & Blog de Viajes. Extraído el 12 mayo, 2010, de http://www.tuaregphotos.com/2010/01/11/mana-el-poder-personal-maori/.
• Arroyave, Y. (2004, agosto 5). El Tatuaje Maori. Cultura Alternativa. Extraído el 12 mayo, 2010, de http://culturaalterna.blogspot.com/2004/08/el-tatuaje-maori.html.
• Alejos, J.(2006) Identidad y alteridad en Bajtín.
• Pierella, Ma. P. (s.f) El amor y la furia. ARCHIVO FÍLMICO PEDAGÓGICO.
• Viera-gallo, J. A. (2009, septiembre 6). ¿Puede negar Chile la realidad mapuche?. Extraído el 13 mayo, 2010, de http://www.azkintuwe.org/sept065.htm


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada